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jueves, 3 de abril de 2008

Pensar es suficiente

Hace unos días decidí no moverme de casa. No sé porqué. Una prueba más de mi falta de sensatez e incapacidad por comprender el concepto de la realidad práctica.

Implicaba dejar de ir al trabajo, de ir al mediodía a la piscina, de ver a los amigos, olvidarme de los paseos nocturnos, del cine, los conciertos, cenas, compromisos, fiestas...

Todas las actividades que implicaran tener que salir a la calle se acabaron de golpe.

Comprobando que el grado de ansiedad no disminuía al tomar esa decisión incrementé la apuesta y tiré el cartón de tabaco que guardaba en el frigorífico por la ventana, no sin antes vaciar de comida la nevera al igual que la despensa y depositarlo todo en el mismo espacio público.

  • Si no salgo a la calle, no trabajo, no veo nada y a nadie, pues tampoco fumaré ni comeré. Pensé de corrillo.

Austeridad extrema. Como si fuera un asceta abstinente intoxicado después del clásico periodo de cuarenta días.

Dos semanas llevo así.

He pasado por muchas fases: necesidad de fumar, hambre, angustia, insomnio, euforia, debilidad, meditación, sueño, vitalidad, brillantez pensante, sensación de triunfo, abatimiento, envenenamiento, desconfianza, sospecha, dejadez, descubrimiento... Demasiadas sensaciones alternándose y simultaneando estados contrarios fisiológicos y de ánimo.

Afortunadamente vivimos en el siglo XXI y todos sabemos de qué va todo. Para eso tenemos internet, los best sellers, los relatos, las oraciones, las películas, las leyendas urbanas: una vez que cumpla los cuarenta días veré a dios y me contará que soy el profeta.

Como no quiero llegar a ese punto que considero tan perturbador, maleducado, desagradable e inoportuno, he decidido salir esta noche a bailar un rato.

Me espera una noche que seguramente no recordaré. Llevo tanto tiempo sin comer, fumar, ni beber alcohol que, cuando respire con deleite el aire de la ciudad, posiblemente, terminaré desmayado en cualquier garito o esquina.

A la ducha.

La semana que viene tendré que inventar alguna buena excusa para contar en el trabajo.

5 comentarios:

ondina dijo...

Me vengo contigo...

ondina dijo...

De resaca?
Cuenta!

NáN dijo...

No ha despertado todavía.

Lo peor será si le dicen que ya tiene descontados esos cinco días de las vacaciones.
Lo peor será si nadie en su trabajo se ha enterado de que no fue en toda la semana, así que no tiene que preocuparse por la excusa ni por las vacaciones.

ese dijo...

Me he levantado temprano. Desinfección escrupulosa. Desayuno a base de zumo y café. Cotilleo de todo lo publicado sobre lo ocurrido ayer. Y aquí estoy.

Buenos días.

No fue para tanto. Al menos lo que recuerdo de ello.

ondina.

Gracias por querer acompañarme pero me temo que hubieras tenido que cargar con un tipo medio inconsciente.

nán

Prácticamente has acertado. Sí se habrán enterado de que no he ido en estas dos últimas semanas, de hecho sé que están al tanto, pero les habrá dado igual. Soy totalmente prescindible en mi trabajo. Y me congratula saberlo.

Soy tan prescindible que no hace ni falta despedirme... da igual. Como nadie espera algo de mí no hay ningún problema. Si hiciera algo importante tendría el peligro de que se pudiera echar de menos, pero mi trabajo consiste en convertir en anónima cualquier acción. Tengo una experiencia increíble en esta forma de actuación.

A pesar de todo mañana contaré alguna excusa, imposible de creer, para satisfacer mi placer al largar historietas.

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Quince días han sido suficientes. No me he convertido en profeta, pero he flipado como un sapo.

NáN dijo...

Eso que hemos ganado tus lectores.