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jueves, 2 de octubre de 2008

Olvido


Con la mente borraba sin cesar las cicatrices del cuerpo. El proceso era similar al de soñar. Dejaba un rastro.


Alguna vez, al despertar y comenzar con la rutina diaria, conseguía que desapareciesen los hechizos de la pesadilla.


Otras, en un momento de descuido, mientras observaba de reojo el reflejo de la gente pasar por el cristal de un escaparate, aparecía amenazante con la forma de una mancha perturbadora.


De algún modo había aprendido que la irrealidad surgía cuando miraba con el rabillo del ojo. Por ello dirigía la vista con la cabeza, girando el cuello con rigidez, manteniendo los ojos centrados, para evitar así revivir la experiencia olvidada.


Iluso.


¿Cuándo se enteraría de que ese enemigo invisible que atormentaba su recuerdo había dejado ya de soñar con él?  



3 comentarios:

Єѕтησм dijo...

El rastro de los sueños.
Interesante.

Anónimo dijo...

probando... Probando

NáN dijo...

veo poco los blogs porque estoy sin ordenador, pero el post de Walter me ha hecho recordar tu espléndida fiesta del año pasado.